Francisco Javier Pérez y Laura Martín Pérez ganadores del Certamen de Noveles
Pasarela Doñana D’Flamenca 2019
El primordial requisito de este certamen de noveles de la Pasarela Doñana D’Flamenca es que sea un traje para el camino, pues debe atenerse a vadear por las arenas y El Quema, a encontrarse en sus vaivenes con los botos o con la grupa del caballo y a aportar, sobre todo, comodidad y frescura a la romera que lo viste. Por lo que de los 23 diseños que pudimos ver, algunos eran descartables, más adecuados para los días en La Aldea que para estos menesteres peregrinos.
Aún así, el nivel visto en la tercera edición del certamen en esta pasarela de moda flamenca ha sido bastante alto con respecto al año anterior, tanto que, y como novedad de ultimísima hora en el concurso, se optó por nombrar una Mención Especial. También es oportuno señalar que el número de optantes a la final ha sido muy superior con respecto al 2018 y comparable con otros concursos de emergentes que cuentan con un mayor número de ediciones celebradas.

¿Será el lugar, será la pasarela, será el tener que presentar un proyecto con una sola carta aspirante a ganadora? El caso es que la última mañana de volantes en Almonte fue todo un deleite para la vista aflamencada y rociera en el que el volumen se prodigó bastante y conquistó al jurado. Pues fue un salpicón de volantes al hilo, talle alto y con madroños salteados en los vuelos, y al contraste, el que se llevara el premio como ganador. Por lo que el año próximo veremos desfilar a Francisco Javier Pérez como profesional mientras el jurado delibera.

Su diseño clásico y coqueto, en el que predomina el blanco, se detalla en negro y rojo con lunar pequeño y cuenta con detalles ochenteros renovados, como esas mangas farol XXL y otros que se rescatan, tal cual, de entonces, como el mantoncillo volanteado.

La Mención Especial recayó en ese traje para El Camino que se establecía en las bases del concurso y que se encontraba entre los diseños participantes. Se premió ese estilismo cuya principal función es la practicidad y el embellecimiento de la peregrina rociera, mientras se cruza El Quema o se acompaña al ‘Simpecao’. Fue la creación de Laura Martín Pérez la agraciada con esta sorpresa, reconocimiento inesperado hasta para el artesanado del salón de desfiles y que puede haber sentado precedente respecto a su inclusión como segundo galardón del certamen. Por cierto, también la veremos desfilar en Pasarela Doñana D´Flamenca 2020, según me han confirmado desde la organización.

Su estilismo rociero de blusa blanca, chalequillo al estilo amazona y falda lisa y de lunares, con una fila de botones que propiciaba tanto su función reversible como la de desprenderte de ella para una facilitar la montura a horcajadas, en vez de amazona, y que podía enmarcarse dentro de uno de los grupos de estilismos rocieros que pudieron verse.

Pues, a grandes rasgos, las propuestas vistas respondían a ciertos rasgos generales, por un lado las de volumen, más o menos desmesurado, por otro los trajes para el camino y batas rocieras y a medio camino los básicos y clásicos de talle bajo, más acordes para la estancia en la aldea de El Rocío que para peregrinar por la Raya Real.
Trajes para El Camino con volumen
Un total de siete diseñadores otorgaron generosidad a sus volantes, imaginando batitas rocieras a lo XXL. El primero en verse fue Antonio Medica, que con sus tres maxi volantes de estampado Versace de los 80, el escote de vértigo y la torerita, recogió una de las primeras ‘oes’ verbales que se pronunciaron en el desfile.

Para Benjamín Rodado López, el vuelo corte imperio se estampaba de lunares, salpicados con rizados en zigzag, hasta justo el pasacintas que embocaba un volantito de ‘tira bordá’ que anunciaba el remate en volante. Toda una delicia verlo en movimiento.

En la generosidad de vuelos también pudieron verse estilismos flamencos de dos piezas. Como los de José Joaquín Gil García y Eduardo Ortega. El primero imaginó un sin mangas rojo de lunar galleta en blanco con cinturón, para acompañarse de lo que podría ser, perfectamente, un segundo vestido de flamenca de mangas cortas con enaguas de tul y botonadura, dándole un toque camisero a los con volantes al hilo que se disponen alzados con tules y en los que se juegan con los colores, contrastando, eso sí, con el binomio de tonos a la inversa del vestido de flamenca que cubre.

Para Eduardo Ortega, una falda setentera abierta, con lazada a la cintura, dejaba paso a la silueta sirena cuajada de carruchas de cintura alta, que sumaba elegancia y contrarrestaba el barroquismo de éstas con una camisa de manga sencilla, de capa, no más allá de los codos. Otro de los taitantos deleites que se sucedieron esa mañana en Pasarela Doñana D’Flamenca.

Un par de volantes y mangas flecadas podrían describir, sintetizando mucho, el estilismo mostrado por Javier Ordoñez Galván, pero lo cierto es que su flamenca recoge las tres formas posibles de tejidos, aunando los lisos con el lunar y el estampado, en tonos pocos habituales para estos menesteres de lunares y volantes, como el gris marengo y el mostaza ocre, siguiendo las pautas de la flamenca clásica.

Evocando al traje de amazona para El Rocío, Fernando M. Usero Rodríguez imagino camisa de mangas abullonadas en hombros, cerradas con lazada en el puño y encajadas en chalequillo sobre el que abrazar bolsito y medalla, dejando un solo volante para rematar la falda de capa que se acortaba, asomando enaguas de algodón blanco y facilitando el paso rociero.

Otro affaire entre los maxi vuelos fue el morado de Pilar Sánchez Palencia Ortiz, que duplicaba el fruncido del cuello caja y de la cintura para afinar el talle, estampando puños de mangas y cinturón ancho que reposaba en el largo del vestido. Imitando a la mezcla de colores de los lirios morados, el tul canastero se teñía en limón.

Batas rocieras o setenteros de vuelos de capa
Es ese otro gran grupo que recoge una serie de diseños que responden a ese estilo que busca la minimización en el vuelo, se aligera en mangas y se acortan, al igual que las faldas de capa, que acarician botos con el volanteo.
Así es el estilismo flamenco de Catarina Santos Rodrígues, que tricota el talle para hombros descubieros y manguitas caídas, en un lunar de medida clásica y puñaditos de flecos en el volante, igualando color con enaguas al aire. Todo un capricho sencillo, básico de armario romero.

El de Ángela Torres Falcón, que iniciaba, precisamente, este desfile de noveles, es de vuelo algo más recogido, con doble volantitos de encaje que se reparten por igual desde la cintura, dando color al blanco, uno de los tonos tendencia de la temporada.

El dos piezas de Maica Rouco Jiménez precisa tipines de infarto, de barriga extra plana, trabajada en gimnasio, con crop top de tirantas encarruchadas y falda de capa de abertura a lo Angelina Jolie, en ese dúo colorista en blanco y negro, básico para looks elegantes.

También en estos tonos pudieron verse dos estilismos más. En el de Rocío Abad Morante, los volantes sostenían la bata rociera en los hombros y el vuelo de capa desde la sisa se geometrizaba en paralelo al son de los lunares, siendo un lado espejo del otro hasta besar el suelo. Una armoniosa sinfonía de distintas tallas de lunar que no cansa a la vista. ¡¡Simplemente bello!!

Para el otro, Rocío López González imaginaba una sobrecamisa estampada en flores se ceñía a la cintura, acompasando el movimiento del puñado de lunares del blanco y negro flamenco.

La elegancia en asimetría venía de la mano de María Fernández Fuentes, que al estampado canastero inyectaba un nude para el talle, en el que el escote de transparencias se dibujaba discreto para dejar protagonismo al volante al hombro de mangas sencillas y ajustadas, aportando variedad a la colección flamenca que pudimos conocer en Emprende Lunares, en la que reinaban líneas rectas y puzzles de piezas textiles a lo Shingo Sato.

María Zabala Pallarés recreó la sofisticación flamenca en tejidos de caída dulce y tonos empolvados, imaginando un dos piezas rociero y chic donde la armonía en tonos favorecía el romanticismo que desprendían las mangas de capa y el vuelo comedido que se complementaban con dorados y piel en tonos naturales.

Para Vanesa Leyva Navas, un básico de armario rociero de aires setenteros, se brocaba en terciopelo, contorneando rosas abiertas que rompían su monotonía con un imponente cinturón en turquesa y la desmesura de la maxi flor en el cabello.

Inolvidables, por cierto, los cinco volantes dispuestos en paralelo de María Acosta en un tono verde que aflamencas, si mezclas con flores y aretes, y que también conviertes en estilismo de fiesta, si te apetece, cuando lo combinas con otro tipo de accesorios, como bolsito joya y brazalete. Una apuesta por la diversidad perfecta para armarios pequeños, cada vez más abundantes, en los que buscamos dar practicidad a las prendas que los ocupan, dado el poco espacio con el que se cuenta.

Talles bajos para estilismos rocieros
Los talles bajos, esos que marcan caderas, también tuvieron presencia entre las propuestas rocieras mostradas por los diseñadores emergentes participantes en este certamen de noveles, más adecuados estos trajes, por cierto, para los días en la aldea que para los que pasas en El Camino. Predominando el blanco como color base, Esther Guerrero Sevillano dio forma a un seseante talle de tres volantes, en el que el minimalismo flamenco se resplandecía, contrastando el nacarado con el albero de enaguas.

Ianiere Ibar Chaves estampó el fondo con flores de colores vivos, abriendo el vuelo de capa por delante para que asome el refajo rematado en carrucha y complementando con chalequillo a la cintura y sin mangas, en arpillera tratada, a juego con la lazada a modo de turbante para el cabello.

Con Laura Díaz Romero las transparencias para el talle, que ya paseara en enero por otro concurso de emergentes, se hacían discretas y elegantes, ocultando más que mostrando, dejando que roetes de colores, que también se repartían por los cancanes de tul, moteara y sostuviera mangas de capa.

Uno de los caprichos flamencos para la vista llegó con Rafael Mejías Toledano, que resalto el blanco en berenjena y turquesa, lazando pasacintas al comienzo del vuelo y en el clásico escote uve que cuajó de volantes ensortijados.

En un estilo más victoriano, pasando por la influencia oriental en aquello de cruzar con lazada a la cintura, a modo de kimono, unos lunares vichy que se sesean en volantes, María del Carmen del Yerro de Leiva presentó una propuesta rociera y chic, que acompañó de botines blancos y sombrerito de paja.

Han sido 23 propuestas osadas que, ajustándose o no a los cánones del traje para el camino, han conformado un buen ramillete de estilismos flamencos en los que todos y cada uno de ellos son ganadores, pues llegar hasta un certamen de noveles con la competencia previa que ha habido siempre es un éxito. ¡¡Gracias a todos por vuestro aporte y frescura al traje de flamenca!!
Hola me gusta un traje de Rocio Abad Morales , podría saber donde tiene su taller ?
Gracias
Hola Josefa María!! Rocío Abad Morante es alumna en la Escuela Metrópolis y su cuenta de Instagram es la siguiente (pincha el enlace para verlo): https://www.instagram.com/rocioabadmorant/
Escríbele un mensaje por privado para que puedas hablar con ella y te indique respuesta a tu pregunta. Igualmente le haré llegar tu deseo de contactar. Gracias por tu comentario y disfruta de lo que queda de fin de semana.