
Hadas y Villanas, nueva colección de invitadas y novias de CASTREJÓN.
No sólo de pantalones Hammer y novias princesa nos viste esta temporada Castrejón para ser la invitada perfecta y dar el ‘Sí, quiero’. También chaquetitas torera, trajes sastre y solapas smoking serán los protagonistas de los distintos estilismos de Hadas y Villanas.
Inspirada en la actriz Marlene Dietrich, que en los cincuenta ya incluía el pantalón masculino en su armario, lo cual levantó ampollas. Por cierto, la revista Vogue USA la nombró como precursora en el uso de los pantalones de corte masculino con pernera ancha.
Pues bien, partiendo de esta actriz y del enfoque de Castrejón para su colección Hadas y Villanas, hacer uso de esta prenda para sus novias e invitadas era obligatorio. Y si es fuera de lo común, mejor que mejor. Muy en la línea, por cierto, de la creativa Inma Castrejón, que suele desmarcarse de las reglas de la moda, de tanto en tanto.
Elige, en concreto, el Hammer Pants, dado a conocer, mundialmente, por el cantante MC Hammer en los años 80, de carácter unisex y que se basa tanto en los parachute pants (anchos con forma de conos, estrechándose, pues, en tobillos), como en esos otros llamados pantalones bombachos, jodhpur, harén o aladinos, sueltos y holgados con una entrepierna baja y ancha y con cinturón ancho. Muy comunes en la India y otros países de Oriente.
Para novias, optar por la silueta princesa entre sus diseños, no es más que homenajear a Charles Frederick Worth, responsable de esta figura en moda, pues la creó en torno a 1870 para la princesa Alexandra, antes de ser reina de Gran Bretaña. De ahí su nombre.
Su desfile de Hadas y Villanas comienza con sus propuestas de invitadas, escogiendo un corte sencillo de silueta tubo y en blanco satinado, al que coloca exquisitos bordados cuya transparencia brillante alarga el bajo del vestido hasta las rodillas, salpicado de borlones al tono con ese peculiar movimiento, ondulante y corte, que le caracteriza y que se produce al caminar.
Hombros y puños también exornan, pero en menor medida, quedando así el equilibrio de todo el diseño.
No será la única propuesta de dos o tres piezas que veremos. De rosa o nude y negro, juega con los contrastes, reservando el tono que estiliza para cubrir todo el cuerpo con un vestido de largo midi. Recto. De cuello redondo.
Integrando el look por la solapa smoking, dejando que el negro entrevea el tono maquillaje, y la pasamanería que cierra la chaqueta de línea sencilla, con largo hasta caderas.
En seda translúcida y sobre patrón de pantalón Hammmer, que puede parecer un vestido, se plantea un estilismo de los que resulta difícil olvidar, dado el nivel de singularidad, glamour y elegancia que derrocha.
El tul sale de su área de confort y se muestra en todo su esplendor, canastero y midi, para reposar sobre homónimo en satén, que aporta esa luz tan característica al clarearse por el entramado del tejido.
De cintura ancha y extras en negro, recordando al encaje Chantilly, se combina en chaquetita corta a la cintura, no más allá para no restarle importancia al vuelo. El trabajo realizado en la chaqueta con las aplicaciones textiles que emplea, deja un dibujo simétrico sobre el textil que encarna esa labor de taller pequeño y edición limitada en la que todo se realiza a mano.
Para completar esta prenda, Castrejón opta por cerrarla al cuello, tipo caja, con pasamanería.
Pantalón recto y algo pirata, para este look de línea marcada en perneras que vuelve a embellecerse, delicadamente, con encaje y borlones, notas constantes en esta colección para invitadas. Los sitúa en los laterales del pantalón, desde las rodillas hasta tobillos. Al igual que cinturón textil ancho, del que hace uso también en otros diseños, con borlones de lazada larga y pendulante. Y más cortos para la torerita.
Novias CASTREJÓN de la colección Hadas y Villanas
En cuanto a novias, junto a estilismos ligeros de siluetas sencillas, pero de talles de escote corazón, como se corresponde con el clásico corsé, recargados con efecto minimalista y con un volumen cerrado a la silueta, para esta colección, Castrejón ha ideado otras novias en las que su vestido pide sitio y multiplica su presencia.
Destacan, por tanto, estos novedosos volúmenes entre sus diseños, de estilo princesa cuya silueta se centra en la definición de cintura, ganando amplitud en la parte baja de la falda, perfecto para todo tipo de cuerpos. Es un corte favorecedor y elegante, romántico por excelencia, que se adecúa a cualquier estación del año. De ahí que los brazos puedan quedar o no a la vista.
Para éste, hay una clara maximización del volumen que os comento. Un claro ejemplo de este vuelo abundante desde cintura con corsé y escote abullonado en un palabra de honor tan eterno y elegante como perfecto para dar el ‘Sí, quiero’. El tejido brocado, además, permite que se conforme esa recreación volumétrica que este tipo de diseños requiere.
Con la búsqueda de la misma silueta el volumen puede cambiar, si también cambia el tejido elegido. Eso ocurre con aquellos de caída más dulce. Además de permitirte jugar con ellos y superponerlos en forma de pétalos salteados, como ocurre aquí, la silueta se dibuja en A, con suavidad y con ese comienzo in crecendo propio de estos vuelos, y no desde ese la misma cintura. Lo que estiliza y alarga la figura.
Castrejón, también, resalta este punto con una pieza textil decorada y ajustada con lazada maxi a la espalda a modo de cinturón. Lo que hace que la blusa con la que se combina la falda de novia destaque sobremanera.
Esta otra pieza se diseña de cruce sencillo, con cuello camisero y puños para gemelos en manga larga. Todo en un estilismo nupcial que se desmarca de las prendas habituales. Haciendo una versión muy interesante a una prenda que, a priori, encaja para invitada o, incluso, en un estilismo para oficina, realizada en otra clase de tejido, evidentemente.
De nuevo uno de sus prendas estrella, el pantalón Hammer, novedad absoluta en sus colecciones de invitadas y novia que aquí integra en un traje sastre de chaqueta tipo blazer con solapa smoking, entre sus predilectas, y lazada en cintura. Todo con un cuerpo de escote con drapeado desigual y suelto, muy de los 90, que se combina en mate, por aquello de los contrastes que triunfan con el brillo satinado del resto.
Y con el de los facetados en plata del tejido de la chaqueta. Así es como imagina una perfecta opción para esas bodas en las que la novia prefiere ir de otra manera, buscando más la comodidad que el encorsetamiento.
Las hombreras son otros de sus elementos favoritos que emplea fuera de chaquetas. Tal y como vemos en este vestido de novia, en el que el cuello perkins toma forma con un encaje rico en detalles y al tono. Eso permite que las flores se dibujen sobre la piel, cubriendo brazos y escote. Perdiéndose por el talle ajusto hasta cintura clásica de vuelo fruncido y con cola capilla.
En la espalda, el cuerpo del traje y el encaje se separan para que éste pueda realzar, con simetría coqueta, esta otra mirada del traje de novia.
Todo es posible en manos de Inma Castrejón. Por eso el hammer ochentero se postula destellante y noventero, con menos caída y más redondeado, dando vida así a las lentejuelas transparentes con ese patronaje fluido. Perfecto, por cierto, para combinarse con su blusa favorita, ceñida con lazada y sin botones, de gemelos en muñeca y cuello de solapas, que deja fuera al lazo para ajusta la prenda en cintura.
Para cerrar su desfile, escoge un patrón cargado del glamour de los años 30. Ese de silueta entallada con cola añadida en la cintura. Y que, por cierto, se ha visto por la última edición de los Golden Globe en el vestido naranja Louis Vuitton para Zendaya.
El cuerpo entero se cubre de encaje blanco, calculando el centro exacto para multiplicar ese perfeccionismo del detalle que siempre busca Castrejón en sus diseños que, con la ayuda de una reducción del efecto transparencia, consigue alcanzar esa otra visión del vestido en nude, aportándole homogeneidad.
Un vestido de novia recreado, por tanto, en esos otros de la década de los 30 del siglo XX, años en los que nació, prácticamente, todo el patronaje de fiesta que hoy día se sigue usando. Un clásico atemporal, para un cierre magnífico de presentación de colección, con el que las palabras sobran por ser, simplemente, bello.