
Siendo el traje de flamenca el icono andaluz por excelencia, dibujarlas en su mente durante años para que luego broten al textil, es, simplemente, la evolución natural de MC Colmero & Luque como persona y firma
Él soñaba una flamenca que ahora dibuja y cose. Jiennense de nacimiento, él la asimila y comprende de trianeras maneras, ocupando esa sevillanía, propia de primavera, cada rincón de su mente, para así, poder sentir a la flamenca como se debe. Y eso se nota en sus puntadas.
Por eso su colección debía llamarse Icónica flamenca, pues, rinde, como ya hiciera en su anterior ramillete de caprichos, un homenaje a esa flamenca que imagina, la que conoce y con la que crece, soñando por y para ella.
Por eso, tal y como fue el traje de flamenca para él desde su infancia, es obligado aquí y ahora hacer constar el aprecio necesario y conveniente de cuán importante es un traje de flamenca, valga la redundancia. Dado que es un símbolo, al fin y al cabo, de aquello que nos une, define y aglutina bajo sus vuelos rizados en las distintas ferias y romerías que se celebran en Andalucía.
Dicen que Andalucía es un sentimiento, un deseo de contacto y cercanía, el clima lo da. Dicen que el traje de flamenca en su ronroneo, permite esa cercanía y sentimiento, esas ganas de socializar que sólo se tiene al vestirlo. Dicen.
Su Icónica Flamenca comienza en pasarela a la inversa, sacando el tono nocturno al principio para acabar con la explosión de color que es la primavera. Así, fiel a su color fetiche, inicia su paso por SIMOF dejando que el ónix se invada de lunares blancos diminutos, tendencia, por cierto, para repartirse también por su vuelo canastero de silueta maxi entallada y enaguas generosas.
Para el talle, el diseñador, se olvida, de momento, de sus atrevidos escotes y los cambia por semi transparencias del tejido. De esta manera introduce ese puntito osado del gusta hacer uso. ¡Qué no falte!
Su desfile siguió punteando en blanco sobre negro, por doquier y repartido desigual. Para un vestido tan abierto en escote por delante como por detrás y con vértices apuntando al centro del cuerpo, como buscando el equilibrio perfecto en flamenca.
De silueta seseante y vuelo en flor para un par de volantes, déjame que destaque el trabajo exquisito en mangas: de puño cerrado y sin volanteo, que deja que el comienzo en hombros se redondee en un círculo perfecto, coqueto y discreto, pero no menos importante.
Con permiso del negro aparece ya el color. En concreto un verde de carácter y bandera. El primero de taitantos tonos con los que, esta vez, nos deleita y regala a la vista. Escogiendo para éste un escote princesa que aflamenca con lunar negro, cómo no, y su particular volumen de enaguas en ondulación elevada y perfecta. Sobre ellas, un par de volantes que anuncian el inicio de este irresistible vuelo y un poquito de canastero para recrearse en codos, con la misma intensidad y cuerpo que en el vuelo.
Y del verde al naranja excéntrico y arrebatador, no apto para cualquier tipo de piel y sí para cabellos negros, tal y como son también los lunares. De escote infinito hasta esa costura alta denominada corte impero, para conformar el torso flamenco. Su ablusado al talle le confiere ese glamour dulce y vintage de los años del ladylike y el Rock and Roll.
Por tanto, desmesura el volanteo de mangas, tal y como acostumbra MC Colmenero & Luque, y algo más comedido, para lo que él imagina, en el vuelo de falda, que se asemeja al canastero, sin serlo, aunque el vuelo que lo remata sí cumpla con las características adecuadas.
Tras su primera colección, y habiendo visto parte de la de esta temporada, se concluye, sin atisbo a dudas, que sus trajes son un verdadero hervidero de volantes seseantes en movimiento, visible mientras se va acercando hacia ti. Atrapándote en todo momento sin poder poner la vista en nada que no sean sus diseños de flamenca.
Eso es lo que consigue con sus diseños: captar toda tu atención, como te ocurrirá con este buganvilla. Traje con el que se recrea, empezando por el tejido que evoca al bordado de mantones, y siguiendo por el talle ablusado de nuevo, donde micro volantitos, que delimitan el escote isósceles, se ondulan en vertical de delante hacia atrás, rodeando el cuerpo por los hombros y acompañando a la transparencia del plumeti, poco visto esta temporada. El mismo juego de volanteo se repite, anárquicamente, pero con orden, en puños, equilibrándose con el vuelo del vestido.
Para completar el estilismo, Manuel Colmenero opta por un calañés al tono, propio de tierras onubenses, por cierto. En concreto, es originario de Calañas y usado entre los siglos XVIII y XIX. Optar, por tanto, por una maxi flor al contrario para este estilismo, es evocar a esos siglos, barroquizando con una suavidad elegante, sin estridencias.
Entre sus icónicas, imaginó un estilismo flamenca de dos piezas, con estampado mantón clásico en negro en forma de body. Elemento de la indumentaria de los 90 que ha vuelto casi a hurtadillas, sin hacer mucho ruido, y que tanto estiliza los looks. A este cuerpo estampado, anexiona volantes para darle alegría flamenca del movimiento al look.
Para el cuerpo, por tanto, la opción falda canastera de largo midi, por cierto, una de las tendencias más fuertes en pasarelas de moda, dado que se ha visto, prácticamente, en casi cualquier desfile esta temporada. Pues, como decía, esta opción se vuelve antojadiza creando un look de transparencias de lo más interesante, donde el lunar negro juega al escondite, tapando sin tapar y el blanco roto combina para ese dúo colorista elegante de por sí, tal y como ya estableciera Coco Chanel.
Para este último diseño con el que cierra su paso por SIMOF, opta por un segundo sombrero, cargado de significado, de ala ancha o, también llamado, cordobés. Su nombre se lo debe que procede de la modificación que se le hace en Córdoba, en el siglo XVIII, al Chambergo de Flandes y cuyo uso popularizan los jornaleros, que lo prefieren al de paja, poco fiable para aguantar los rigores climáticos. Poco a poco, el uso se extendió y fue llegando a otros estratos sociales, hasta la utilidad que tiene actualmente. Este elemento, hecho a medida, en su momento, distinguía si lo vestía una mujer o un hombre. Esa diferenciación ya no se realiza.
Pero como eso de presentar seis trajes le sabe a poco, días después, volvía a desfilar, esta vez en Huelva Flamenca, para mostrarnos en pasarela tres creaciones más. Algo que se puede convertir en una costumbre que nos encanta, pues tienes asegurada la sorpresa, aunque ya haya presentado colección.
Uno de esos nuevos diseños, versa en verde con lunar galleta en negro y ese cuello lazada fantástico y perfecto para ferias y romerías de más de treinta grados a la sombra. Con el mismo lunar, pero sobre tono mandarina, nos mostraba una flamenca de vuelo de capa setentero con ese toque colmenero para el talle, pues la dulzura minimalista no puede faltar entre sus creaciones.
Y como no hay dos sin tres, aún nos sumaba un blanco, pero de lunar algo más pequeñito, que se ambientaba en modo onubense con esos volantitos verticales y otro par que se colocan en el escote uve y que tanto se ven en estilismos de arena y sal.
En la moda, el sombrero cordobés, ha formado y forma, parte de desfiles de diseñadores de la talla de Juana Martín, Palomo Spain, Ralph Lauren y, recientemente, Dior para su Colección Crucero 2023, presentada a nivel internacional en la Plaza de España en Sevilla. Y en la colección de MC Colmenero & Luque, el ingrediente moda, actualizando flamenca de forma suave, coqueta y elegante, siempre estás presente. Por lo que, hacer uso de dos piezas tan icónicas como son el sombrero calañés y el cordobés, elementos utilizados por grandes referentes en costura, no es más que normalizar y reinvindicar aspectos a los que estamos poco acostumbrados, y deberíamos estar. Tenemos un potencial incalculable que sólo creativos como él son capaces de apreciarlo y de demostrar que casan con la moda actual.