A Miríam Galvín le gusta el volumen, y ha vuelto a traerlo a pasarela, le gusta la flamenca con estilo sofisticado, y lo ha impregnado en cada volante, busca imaginarte en una flamenca diferente, y por eso ha procurado distinguirla hasta en las mangas flamencas para conseguirlo. Porque Miríam Galvín es otra cuando pisa la pasarela y se crece como lo hacen los grandes artistas en un escenario. Vence a su timidez, rompiendo barreras y saltándose al lado contundente y descarado, el que caracteriza a las flamencas. Pero lo hace con mimo, con criterio y a su manera, guiada por esa femineidad inherente del traje de flamenca.
Así, con ‘Levante’, pisa este año de nuevo SIMOF y lo hace como siempre, con fuerza y decidida, envuelta con ese halo de misterio que le propicia su otro yo, el más precavido y discreto, el que palpas en el contacto directo con la diseñadora. Pues este aspecto menos conocido de Miríam Galvín, es para ella como el viento de Poniente al de Levante, el equilibrio y complemento perfecto y necesario para dominar esas ‘levanteras’ que crea, cada año, en su desfile de volantes.
En esta temporada he notado su colección mucho más atrevida y osada, con más ganas de aportar nuevas ideas, recreándose, sobre todo, en las mangas flamencas. Que las ha ideado con volantes y sin ellos, inventándose en un tejido con cuerpo y estampado, una prenda que se queda a medio camino entre la blusa y la chaqueta. Con un escote propio de la segunda y mangas, sublimes, por cierto, más acordes con la primera. De hecho, se abotonan doble en las muñecas.
Además, mezcladas con el binomio tonal y torero del albero y el fucsia le suma poderío flamenco a esta genialidad ablusada en puños.
Pero esta no es la única joyita flamenca con la que nos deleita en su colección. Prácticamente en cada vuelo que salió al espejo ónix de SIMOF incluía alguna que otra curiosidad. Como las maxi enaguas que provocan la verticalidad en vuelos y colocó en este traje de flamenca cuyo volante no alcanzaba a cubrirlas por entero.
La disposición de los volantes en sus mangas flamencas, a veces de tres y a veces de seis, juegan con la apertura del vuelo, pues aumentaba conforme se acercaban estos textiles fruncidos a las manos, añadiendo así su manera de colocarlos para este estilo. Pues ella deja más distancia entre los volantes de lo que lo que han hecho otras firmas, adquiriendo una forma más cónica afilada que redondeada, dado que estos puños volanteados también se han podido ver en estilismos flamencos de otros diseñadores.
Respecto a otros tipos de mangas flamenca que emplea Miríam Galvín, la clásica que se remata sólo con uno o dos volantes se versiona en volante doble. Al cual le mete en el envés un tono al contraste, como es el amarillo albero, que me da que está entre sus favoritos, repitiendo igual rutina para los volantes de la falda. Eso sí, les elimina la habitual enagua, dado que el zigzagueo ondulado que aporta el cuerpo del tejido, que te recuerdo va doble, es más que suficiente.
En cuanto a escotes la variedad es amplia también. Desde el clásico uve, pero en una opción mucho más generosa, hasta el redondo para una espalda descubierta, completamente, a la vista, junto al incorporado escote barco, que se está convirtiendo en un habitual entre los diseños de moda flamenca actual.
Para la falda de sus trajes de flamenca, la renovación se frena, pues se decanta por lo clásico, escogiendo volantes de capa, al hilo o canasteros para sus talles bajos, sin complicarse más en este aspecto.
Igualmente, y siguiendo las tendencias, ha incluído un traje de flamenca setentero pero sin cuerpo, es decir, realizado en un tejido de caída dulce de los que sesean a ras del suelo y no se acampanan en el vuelo. Con lunar tamaño CD (para aquellos que no lo conocisteis, revolución en su momento, viene a ser el círculo, este lunar, tan grande como una mini hamburguesa). Y, de nuevo, tintados en amarillo feriante, también protagonista torero para este estilismo flamenco de escote cruzado y mangas gigantes, pero ablusonadas en el puño, al que llega cerrándose por tres botones. Le resulta muy tentador cambiar el tono clásico de estos estilismos feriantes para tornarlos vanguardistas e innovadores, y siempre con su sello particular.
De ahí que unos sencillos cambios como la elección de un tejido más suave, el cruce de escote para mantener la uve al cuello y el cambio de volumen en mangas, de un resultado como el que ves. Una flamenca actual con reminiscencias del pasado.
Toda esta nueva colección de Miríam Galvín es una buena muestra tanto de su estilo como del enfoque de lo que debe ser una flamenca, según su mirada, quedando definida por cada costura que realiza. Y aportando frescura e innovación con la única pretensión de ser, la suya, una manera más de hacer las cosas. Sumándose así a la nueva generación de diseñadores de moda flamenca que optan por otras vías de textiles rizados, tejidos y estampados para crear trajes de flamenca que tantas nuevas adeptas están consiguiendo.
Se nota en sus diseños cómo Miríam Galvín ama cada puntada flamenca. Es consciente de lo que significan los lunares y volantes y el respeto que debe guárdarseles, por eso, con su trabajo y desde su taller en Sevilla, ayuda a aumentar ese impulso que, cada año, todos los diseñadores le dan a la moda flamenca y a la nueva flamenca que se está dibujando, la del XXI. ¡¡Gracias Miríam Galvín por cada uno de los trajes de flamenca que imaginas, tantos los que pasan como los que no por pasarela!!