
La máxima felicidad puede expresarse en textil. Así es Cokitos, nueva colección de Yolanda Rivas llena de trajes de flamenca dulces.
Se reviven momentos y se actualizan los nuevos. Eso es lo que ocurre cuando sumas una persona favorita. Una que será la favorita de las favoritas y que hará que se cumpla la frase con la que comenzaba este artículo. Una que dejará huella por y para siempre, marcando tu cambio de rumbo y destino.
No hay nada mejor. Nada es comparable a cuán afortunada y especial te sientes cuando ocurre. Y eso sucede en todos los sentidos. Te lo aseguro. Debes vivirlo para imaginarlo y entenderlo por lo extraordinario que es. A veces la vida te da te ofrece esta oportunidad más de una vez. Otras sólo una. Pero todas, todas, todas, deben aprovecharse y disfrutarse, al cien por cien, porque conllevan la Felicidad en mayúsculas.
Todo esto es Cokitos, la nueva colección de Yolanda Rivas, en la que intenta contarnos, a través del lenguaje textil, lo que implica y significa esta Felicidad superlativa. Por ello impregna, cada diseño, de vida, entusiasmo, alegría, comprensión y entendimiento. Porque cada uno de estas denominaciones, definen el acopio de momentos bellos vividos e inolvidables que deben rememorarse a diario. Cuanto más, mejor. Es futuro traído al presente.
Para expresar este momento dulce, inicia su paso por pasarela con una línea de empolvados y con elementos como la manga bebé, el encaje y el lino en el talle. Se contrastan con vuelo abierto en esa línea evasé que dibuja desde caderas, pero, también, se mimetiza en tonos, apreciándose, igualmente, el detalle sobre volante y mangas.
En este otro rosa bebé, se pueden ver cómo las tiras de encaje tamaño volante se disponen al comienzo del vuelo para hacer lo propio en una falda, de nuevo, ‘noventera’. Es todo un deleite. A partir de cierto punto, se combina en varios tonos, siguiendo la misma secuencia del encaje. Para las mangas, el organdí se encarga de evocar la delicadeza del encaje del vuelo.
Otra manga, tendencia y dulce por sí misma, es la manga corsario. La clásica hasta el puño, que se acompasa con vuelo clavel abierto dulce y contundentemente sobre enaguas fresa en un frondoso jardín de flores sobre un verde suave.
Este otro diseño, fue anticipo de su colección en la última edición de Qlamenco. Hasta allí llevó un blanco impoluto con toda una paleta de tonos delicados, encerrando moteados en un estampado de lunares grandes, repartiendo apenas unos cuantos por el talle.
Y, entre ellos, costurea por la falda un volante de enaguas con carruchas, que aumenta esa grata sensación de movimiento. El escote barco, se abre, en el centro, en vertical, aportando sofisticación al diseño.
Entre los edulcorados, encuentras fidelidad al estilo setentero en flamenca, con enaguas cosidas a cada volante al hilo, juego de texturas y lunares, añadiendo lazadas planchadas al hombro, por la inspiración de la colección y la tendencia de temporada. También incluye flecados, tal y como, por aquel entonces, se estilaba, pero con largo extra, maxi y doble color al contrate.
En este otro, opta por una silueta más ajustada para el clásico largo de talle bajo y doble fila de volantes, pequeño y grande abajo. Aquí, el adamascado se aflamenca, dando volumen a un tejido que, por su naturaleza, ya tiene. Y lo hace con doble juego de rizado al aire, de carrucha y tira fruncida, buscando esa armonía tonal suave y melosa que marca gran parte de su colección.
Para el escote, forra el volante, de manera que crea un abullonado planchado, liso o sin volumen, que da ese aire único a un diseño colmado de detalles.
El rojo siempre es invitado a sus propuestas de temporada y también lo está en Cokitos. Para su mini colección carmín, escoge elementos que aportan ese toque necesario en el estilismo. Como el morado nazareno para que de aspecto aterciopelado cuando se superponga sobre el rojo calado en algodón. La lazada en cintura en un adamascado de terciopelo, que cumple así con una de las tendencias de temporada más fuerte.
A los que se suman otros elementos, como la asimetría vertical empleada para marcar la hechura del traje, manteniendo manga larga básica en un lado y acortándola en el contrario. Anexiona un par de vuelos en el costado desde caderas, que hacen que adquiera un particular movimiento de esos que atrapan miradas.
Las enaguas enroscadas y la manga larga fruncida en costura, acompañan a la deliciosa ristra de rosas que Yolanda Rivas dispone en línea por la espalda. Y que señala, así, la frontera entre vestido y piel.
Sus rojos tienen algo más. Tienen ese aire nocturno que extrae de la propia textura del tejido, como el brillo y el terciopelo. Y que, a su vez, gracias a las características del tejido, consigue que deje de ser monocolor incluso en las enaguas de tul con carruchas.
El negro, otro habitual en sus colecciones, pone el broche a una colección dulce. Pero, a la vez, sofisticada, necesitando al tono blanco para restarle contundencia y añadirle candidez al diseño. Y a ello ayudan mucho, también, las flores naturales empleadas, que le dan frescura y naturalidad a cada una de sus creaciones.
Por ser tono nocturno, opta por textiles brillantes y mates, conformando así un básico de armario feriante con talle bajo y volantes al hilo, tal y como marcan las pautas las flamencas de siempre. Y todo, con ese tipo de vuelo que se enrosca y adquiere vida propia gracias a las carruchas del organdí. Esas ‘hacedoras’ de milagros con cuerpo para el vuelo de la falda flamenca.
Para este otro diseño, busca alejarse de lo clásico, manteniendo ese talle bajo hiper ceñido y mezclando el tejido en mate con el lunarito diminuto y flocado. Toma nota, pues puede convertirse en el sustituto del plumeti. Y un escote barco, le permite que desde el talle emerja un volanteo que llega al hombro y lo sobrepa, bordeando parte de la espalda descubierta.
Tras el color noche, permite que la luz blanca forme parte de las creaciones. Aquí como fondo de un anárquico moteado que parece querer postularse como negro clarito. Todo sin dejar de lado su predilección por la desmesura comedida en vuelos, lo cual le caracteriza.
Así cerraba su colección Cokitos, que es más que revivir y acumular momentos. Es observar para aprender de nuevo a vivir la vida mejor o de otra manera. Es detenerse en esos detalles rutinarios que, ahora, sí importan. Es ser valiente y espontáneo y no tener miedo a que te juzguen. Es ser libre de pensar y decir, de admitir errores y de buscar lo mejor en los demás. Cokitos es aprender de quien abre por primera vez los ojos al mundo y lo vive agarrado de tu mano. Esta es la razón de existencia de esta colección, una de las más versátiles de la firma creadas hasta ahora.