Sus canasteros de escaparate emboban al paseante por calle Cuna, casi tanto como al que se acerca a verlos en la cita anual en Alfonso XIII. Este año sus ‘Flamencas por bulerías’ han sido tantas como maneras de cantarlas o bailarlas, todas diferentes pero bajo el mismo estilo flamenco que distingue a los canasteros de Manuela Macias.
Hay quien ha escrito de sus volantes, en alguna red social de tintes azules, que ‘son los mejores que ha visto nunca’. Sin ser, muy posiblemente, entendido en estas labores flamencas y con la imparcialidad que dan ojos vírgenes sin preferencia en gustos de lunares, no ha hecho más que dejar constancia de una más que merecida frase que describe, de manera sencilla y contundente, cómo vemos el resto del mundo sus trajes de flamenca. Sirva así como párrafo-antesala de lo que queda por contemplar y leer, pues en estas líneas se escribe sobre uno de los desfiles canasteros por excelencia en We Love Flamenco. Ésos que marcan tendencias y pautas en las puntadas de oleajes textiles que inundan la histórica pasarela, histórica por la cantidad de acontecimentos que ya han contemplado las paredes y tapices del Salón Real donde se desarrolla esta cita con la moda flamenca. Comprueba tú misma cómo te será imposible acabar su lectura sin, al menos, haber experimentado algún que otro embobamiento de volantes.
Gracias a su gusto coqueto consigue que mezclas difíciles ‘mix and match’ se perfilen elegantes, llenándose de pequeños y grandes detalles como las nesgas marcadas por diferentes estampados en el vuelo, o los vivos en negro para los volantes muñequeros de la camisa.
Más combinaciones imposibles en los textiles de este otro, donde volantes rizados marcan hombros, mangas y vuelo, relegando al mantoncillo.
Cómo no deleitarse con este traje canastero de falda comedida que lucía Esther Bel, donde los volantes del tamaño de los que rematan a otros mayores, se colocan al hilo, alternándose de manera ordenada en diferentes textiles.
Los amarillos, color de temporada, se endulzaban con tejidos suaves y vaporosos, de enaguas en tono aún más intenso que resaltaban los ojos de Lola Alcocer.
Su desfile podría definirse como una evolución, que va de menos a más, pero no sería del todo correcto, no concretaría lo que en realidad sucede cuando estás presente, pues mientras transcurre te vas topando con vestidos de flamenca con los que te gustaría verte en El Real. Cuando ves el primero piensas algo así como: ‘Éste es el que buscaba’. Cuando ves el segundo la frase es la misma, ante el tercero comienza la indecisión sobre cuál será tu favorito y, a partir del cuarto, mejor que sea la margarita y su deshoje quienes se decanten. ¡¡¡Qué difícil nos lo pones Manuela Macías!!!
En este dos piezas destacan de sobremanera las mangas de plumeti de capa o volantes desde el hombro, decoradas con cinturón ancho que las une con el resto, donde la sencillez de la falda resulta obligada para dar protagonismo a la combinación de tejidos en azul suave y lila.
Sus canasteros toman diferentes estilos a capricho de Manuela Macías. O bien el largo se acorta para dejar entrever un par de volantes, como si un pañuelo con lazada atado a la cadera acompañara en el vuelo. O bien el vuelo se entalla hasta donde se establece la comodidad al andar, delimitado con madroños a cierta distancia de donde los micro-volantes colocados al hilo se suceden hasta el suelo.
Los encajes y algodones perforados también pasan por las manos de Manuela Macías y los embellece con cintas rizadas en raso, colocadas al bies, o con pasacintas para marcar escote y vuelo. No hay tejido difícil en sus manos, sólo una manera más de vestir a la flamenca.
Y ahora que has llegado hasta aquí, ¿con cuántos canasteros de Manuela Macías te ves? ¿Uno? ¿Dos? ¡¿Todos!? Si son todos no me sorprende, lo sorprendente sería que sólo te hubiera cautivado uno.