
El abanico y la flamenca clásica, inspiración de la colección cápsula, Aires del Sur, de Lorena Velázquez presentada en SIMOF
El abanico, símbolo de seducción y lujo hace unos siglos, además de su practicidad para refrescar y espantar bichos, poseía un extraordinario valor como medio de comunicación entre los jóvenes de entonces, lo que vendría a ser un teléfono móvil entre los de ahora. Este singular objeto, junto a la flamenca clásica de las décadas 40 y 50, inspiran la nueva colección de trajes de flamenca de Lorena Velázquez, ‘Aires del Sur’.
El abanico fue traído a la Península Ibérica por los comerciantes portugueses desde China, donde, pues ya existía desde la Antigüedad, se inventó plegado, convirtiéndose, a su llegada, en uno de los complementos de los nobles que acompañaban al rey.
Tiempo después surgiría el lenguaje de los abanicos. Y es que eso de hablar sin poder hacerlo, dio lugar a todo un amplio despliegue de comunicación no verbal para aquellas damas del XIX y principios del XX obligadas a llevar carabina a los bailes, lo que viene a ser una amiga o, incluso, a su propia madre. Debían velar por su virtud y buen comportamiento. De ahí la necesidad de este peculiar lenguaje de signos con abanico, que les ayudaba a ser discretas con sus aspirantes a marido.
Emulando a las varillas de madera del abanico, Lorena Velázquez plisa el tejido sobre el pecho y escotes y crea un varios diseños antojadizos y coquetos a los que, si aplicamos el ‘lenguaje abanico’ tal cual, bien valen su significado. Pues, el que recrea un escote bardot, se abre sobre el pecho y el corazón, lo cual significa ‘Te amo’. El que se deja sólo un hombro desnudo a la vista, si lo imaginamos extendido, llegaría a los labios y se podría interpretar como ‘Puedes besarme’. Lo que viene a ser toda una declaración de amor de estos diseños a quienes los contemplan.
Así, puede decirse, que no hay puntada en este diseño que esté dada sin sentido. El corto recorrido en moda flamenca, no le resta a Lorena Velázquez soltura y madurez suficiente para perfeccionar estilismos como éstos. Llenos de pequeños detalles gracias a su derroche creativo. Comenzar por un escote bardot en la presentación en pasarela de una colección flamenca dice mucho de ésta y de su diseñadora.
De hecho, es todo un deleiteneste plisado abierto en abanico que decora el escote, acompañado de mangas y enaguas propias de un patronaje complicado y vanguardista, muy en consonancia con lo que se pauta en flamenca y con algún que otro elemento del rescate ochentero, década que fue, también un revival de los años 40 y 50.
En este otro diseño de escote en abanico, se hace esa perfecta evocación a la flamenca de los 80, que se inspiraba en la de mediados del XX, por lo que recrea unos volantes con esquinas y con cuerpo. Eso sí, sólo tres, tal y como marcan las pautas de entonces, en las que los volantes eran de mayor tamaño, iniciando el vuelo arriba en caderas, y al que el pasacintas con un tono que resalta le asegura el contraste.
Las mangas globo y a lo maxi, por supuesto. Y ese delicioso escote que trae al presente, marcándole estilo corazón.
En este otro, deja esa época y se centra en elementos de moda para que sea éste el protagonista absoluto del look. Así, imagina un cuerpo palabra de honor, al que superpone una pieza que añade volumen plisado. Ésta se abre para dar forma a una silueta de infarto que ajusta hasta rodilla y desde allí se amplia con seseos al aire que deleitan y embelesan con, de nuevo, el pasacintas, en esta ocasión tamaño maxi y al tono buganvilla brillante.
Cuando en una colección cápsula como esta se repite cierto elemento, se puede considerar que suelen ser de los preferidos de la diseñadora. Como lo es la asimetría en hombros, que aquí también quedan ligeramente acariciados por ese plisado que fundamente su colección y que se añade para exornar el escote.
Y todo en un largo infinito que dibuja siluetas al milímetro y que se atraviesa por pasacintas. De esta forma se crean esos bajos con una disposición de vuelos propia de corte sirena, que deja a la vista enaguas en un rosa bebé.
La inspiración ochentera que rescata, transforma el vuelo de capa de una pieza en un exquisito largo en el que se disponen los volantes en zigzag, al compás de ese pasacintas maxi, que usa en toda la colección. Las enaguas, abundantes como en el resto de diseños, se tintan en un tono que contrasta con los destellos en lila, como es el buganvilla. Juego de vuelos que repite en mangas, creando una armonía estética de las atrapa miradas.
Pero lo mejor aún estaba por llegar. Tenía forma de vuelos al aire plisados en rosa cuarzo satinado, enaguas de un beige dulce y coqueto, tantas como volantes. Por lo que se daba forma así a un vuelo de generosidad excesiva desde cintura. Todo un cumplido homenaje al estilo ochentero en todas sus acepciones, que, a su vez, se inspiraban en las flamencas de mitad del XX.
Lo combina a lo clásico, con mantoncillo bordado y flecado, que deja entrever la espalda descubierta en su totalidad.
Y como no todo va a ser volumen, también presentaba en su colección alguno que otro de vuelo más comedido. Así imaginaba un talle hiper ajustado hasta las rodillas, donde se repite el juego de pasacintas con vértice y lazadas y se juega con el volumen clavel para el largo de falda. Y que combina con el estilo farolillo para maxi mangas, volviendo a deleitar, como en el resto de su colección, con su costureo de flamenca elegante, preciosista y con toque vintage.
Su desfile lo cerraba una bata de cola con, claro está, protagonismo del volumen y de su plisado en abanico que nos declara un amor incondicional, correspondido en la medida que te prendas de este diseño y de sus otras exquisitas propuestas de volantes al aire.
De esta manera, en este diseño, hace uso de varios abanicos en forma de piezas tableadas, adheridas al cuerpo en distintas direcciones, marcando escote, caderas y comienzos del vuelo.
Y así finalizaba el desfile de Lorena Velázquez en SIMOF, quien trae a nuestros días un objeto, el abanico, que más allá de su función decorativa, junto a otras como la de espantar moscas, disipador de mal olor y la obvia, la de refrescarte, opción, la cual, perdura, supuso toda una revolución para las damas y, casi podría decirse, también un símbolo de libertad.
Teniendo en cuenta que para adquirir un abanico, no necesitaban del permiso patriarcal y que les permitía comunicarse con sus amantes, pretendientes y cualquier chico que se les antojose, sin que sus guardianas lo advirtiesen, no es descabellado interpretar que Lorena Velázquez lo emplea en su colección Aires del Sur como abanderado de la libertad y el empoderamiento femenino.